Estuve en la exposición sobre la obra de Richard Rogers que la Caixa ha organizado en CaixaForum. Me sigue pareciendo uno de los sitios más atractivos para ver exposiciones en Madrid. La exposición permite conocer su obra y su visión de la arquitectura a través de sus ocho temas: sistemas, públicos, urbanos, ecológicos, ligeros, transparentes y legibles. Pero si traigo aquí esta exposición es porque Richard Rogers presenta sus principios urbanísticos que son radicalmente distintos con los que yo había asumido como los correctos.
Mi visión de la forma de vivir más adecuada es la de Arturo Soria con su ciudad lineal. Es decir, ciudades con casas pequeñas que se extienden lo lejos que sea necesario con tal que las personas convivan con la “naturaleza ajardinada”. Cuando leí en Utopía como se describía la vivienda ideal me quedé definitivamente convencido de que esa era la buena. Hasta que el otro día ví los principios de R. Rogers.
Para Tomás Moro los edificios están situados frente a frente a lo largo de toda la calle. Separados por una calzada. En la parte trasera hay una
ámplio huerto o jardín. Aquellos ciudadanos están en Utopía cultivando y recreándose con la jardinería. Vamos que la forma utópica de vivir es un adosado. Y va Richard Rogers y manifiesta que es mejor ciudades densas, compactas y que reutilicen el suelo urbano. Con ello se preserva el medio ambiente porque no se extiende la ciudad invadiendo el campo, no se usa el coche porque las distancias son razonables (se usan medios públicos), no hay barrios separados por orígenes (la gente se mezcla en la ciudad)
En fin, que Utopía según R. Rogers es Shangai, lo que me ha dado que pensar.